2ª visita

Volvemos al Nuevo Horno de Santa Teresa.

Por petición de Lola y para evitar más errores, en la crítica de nuestra primera visita pusimos que estaba en un número erróneo de la calle Santa Teresa, realmente les pueden encontrar en la calle Santa Teresa, 8 , de Madrid. Muy cerca de la plaza de Santa Bárbara en Alonso Martínez.

Durante esta segunda visita Lola nos estuvo contando cómo habían cambiado las cosas en su casa desde hacía un año.

Nos contó cómo, tras la publicación de nuestra primera crítica, se puso en contacto con ella el organizador de la ruta del cocido madrileño ofreciéndoles entrar en la lista.

Nos contó también que, tras alguna duda, decidieron entrar en la ruta y cómo el acceso a los medios que ésto les dio ha atraído a los amantes del cocido a su casa.

Ahora parece ser que llena los fines de semana vendiendo su cocido, y que la gente lo ha alabado como lo hicimos nosotros en su momento. No en vano le han dado el premio al mejor vuelco de carne en la ruta 2014. Enhorabuena por ello Lola y equipo. Sentimos orgullo por haber ayudado a catalizar este merecido éxito.

Dicho esto, vamos con la crítica de esta nuestra segunda visita.
Hemos comprobado con agrado que siguen tratando el cocido como se merece, incluyendo algunas agradables novedades.

Siguen con los tres vuelcos, y como aperitivo, la primera novedad.
Un puré de berenjenas realmente rico que acompañaban a las ya típicas olivas de campo real.

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El primer vuelco presenta, por una parte la sopa en su sopera para que los comensales se sirvan a gusto, con posibilidad de repetir. Con fideos que siguen siendo de grosor medio se trata de sopa contundente en sabor, sin exceso de grasa y realmente sabrosa que invita a repetir porque no llega a cansar. Lo malo es que uno debe contenerse porque sabe lo que viene después.

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No pueden faltar las cebolletas

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ni las guindillas, de dos tamaños (segunda novedad) y niveles de picor. Parece ser que le demandan que piquen más. Nosotros preferimos las más suaves.

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El segundo vuelco viene con los garbanzos, bastante grandes, sabrosos y algo faltos de cocción en esta ocasión.

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Además se presenta una fuente con las zanahorias, repollo, patata y el afamado relleno del local, el mejor hasta la fecha y notable por sí solo.

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El tercer vuelco, el de las carnes, que le ha servido para ganar el premio al mejor vuelco de carne, lo componen tres bandejas:

1) Primera bandeja con un morcillo muy tierno y jugoso, un pollo generoso y un tocino con y sin veta. El tocino sin veta es mi debilidad y estaba justamente cocido y para mi algo escaso. Como digo es mi debilidad.

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2) Segunda bandeja con el jamón, el hueso de caña y el chorizo. Éste último más generoso que el año pasado y muy aceptable también. El lujo de tener un hueso de caña por comensal no se encuentra a menudo.

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3) Tercera bandeja con la morcilla cocida como intuimos, y nos confirmaron después, en el caldo del cocido pero aparte del resto para no comerse el sabor, como debe ser. Muy jugosa y alabada también por los comensales.

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Como siempre regamos el cocido con vino, Muriel reserva de la casa, y a los cafés y chupitos nos invitó Lola en agradecimiento por la colaboración en la difusión.

La cuenta salió sobre unos 20€ por cocido sin incluir pan, bebida y postres. En global se puede salir por 30€ por persona. Un buen precio para lo que dan a cambio.

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Nota final: 8,7

 


1ª visita

Para ser sinceros no sé cómo comenzar esta crónica que nos llevó al Nuevo Horno de Santa Teresa, calle Santa Teresa, 8 Madrid.

No puedo explicar concretamente qué nos ha llevado a este restaurante. Sí puedo decir que, durante mis investigaciones para encontrar nuevos sitios que merezcan la pena, me encontré, probablemente, con una opinión donde ponía que esta casa daba comida preparada con cariño y siempre con la norma de ser casera. Además comentaba que no tenía cocido en su carta habitual, ni siquiera de menú, pero que en alguna ocasión a alguien se le había hecho por encargo.

Con esas referencias nos atrevimos a llamar y a reservar un cocido para siete, con la confianza de que el trato al producto fuera lo primero.

Al llegar al restaurante nos recibió Lola, la gerente del mismo, que nos preguntó precisamente cómo habíamos llegado a asociar el Nuevo Horno de Santa Teresa con el cocido. Tras las explicaciones pertinentes pasamos a degustar  lo que nos esperaba.

Y lo que nos esperaba no era ni más ni menos que un cocido con todas las letras y que no tiene nada que envidiar a los demás cocidos institucionalizados de la capital, a los profesionales.

Por supuesto, como han podido intuir por mis palabras, el cocido se sirve en tres vuelcos.

Para el primer vuelco se presenta la sopa, si quieres en sopera o servida directamente en el plato, que tenía una textura muy correcta y un sabor que no desmerecía.

Con fideos de grosor medio y bien cocidos, se podía repetir y para ellos nos trajeron otra sopera una vez se hubo acabado la primera.

El acompañamiento completo tampoco faltó. Por una parte unas guindillas no demasiado picantes.

Además de las cebolletas.

El segundo vuelco se presentó en dos bandejas para cada cuatro. Por una parte, dos bandejas de unos enormes garbanzos castellanos que estaban “intactos”, y con ello no me refiero a poco cocidos ni a insípidos, sino a que estaban en su punto exacto de cocción y con un sabor más que conseguido. Reflejaban con fruición las materias primas que habían formado parte de esta orquesta bien afinada.

En otras dos bandejas se trajeron las verduras. Zanahorias, patatas y repollo. Algo más flojo este último. Puede que sea por gusto personal pero nos suele gustar bien rehogado con buen aceite, ajo y pimenton.

Tampoco faltó el detalle de la salsa de tomate con comino y el aceite para aliñar.

Es siempre en el tercer vuelco donde se aprecian las bondades y las miserias de un cocido. Y donde se explican los detalles apreciados en los vuelcos anteriores. Es la materia prima lo que manda siempre y cualquier subterfugio es vacuo en esta fase.

Y más concretamente es el tocino el director de la orquesta, si no tiene la calidad suficiente es imposible hacer un buen cocido. Esto no le pasó a Lola en esta jornada. Eligió un tocino de calidad que los comenesales apreciaron especialmente. Gran tocino!!. Puso tocino sin veta y con algo de “añadido”. El tocino se presentó en platos acompañado del chorizo, también de buena calidad pero no de tanta como el anterior.

La bandeja de las carnes estaba compuesta por un morcillo bastante jugoso, un jamón algo escaso pero que cumplía con su función y una morcilla “infiltrada”. Ya  hemos comentado en otras ocasiones que la morcilla tiene demasiado peligro dentro de un plato como este por el poder de su sabor que tiende a eclipsar el resto. No fué este el caso pero aún así, el aunténtico cocido madrileño no lo suele llevar. De cualquier forma, cada maestro tiene su libro y Lola se puede considerar como tal.

Como uno de los grandes, no podía falta su hueso de caña, algo muy apreciado y poco potenciado últimante. Únicamente los verdaderos profesionales lo trabajan y más en abundancia como era el caso.

El pollo también se presentó aparte, y en abundancia, para culminar la obra.

Pero aún faltaba lo mejor. Sí, después de lo que hemos comentado, había una sorpresa final que hacía elevar este cocido al olimpo que únicamente habitan unos cuantos privilegiados. Nadie lo podía esperar pero el relleno que nos presentó Lola lo podemos considerar como el mejor que nos hemos echado a la cara. Así de simple. Exquisito de sabor y sobre todo más jugoso de lo que se puede esperar de este pedazo de masa. Lola, ahí tiene usted un diez. Por lo visto lo hacen con la receta que les transmitieron sus ancestros, siempre sabios.

El vino de la casa era correcto, un Muriel Rioja Reserva que acompañaba perfectamente con el resto.

El precio total por cabeza, de alrededor de 30€ por cabeza, no nos pareció excesivo para el despliegue del que habíamos disfrutado.

A modo de resumen podemos decir que tenemos que seguir con fé. Con fé para seguir buscando nuevos sitios, como el Nuevo Horno de Santa Teresa de Lola, para que nos sigan alimentando la ilusión por seguir sondeando esos cocidos que están escondidos y que son necesarios. Las paradas ya conocidas están bien, y son necesarias también para no perder la esencia de este plato, pero las nuevas caras hacen más ilusión.

El cocido que disfrutamos nos hizo salir del restaurante con una sonrisa y con ánimos de seguir.  Gracias a Lola, y a su equipo también, por el trato que nos dieron que nos hizo sentir en casa. Sin duda volveremos, y lo recomendaremos también.

Nota final: 8,7

Nuevo Horno de Santa Teresa
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8 thoughts on “Nuevo Horno de Santa Teresa

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