En un alarde de valor, y para no pasar todo el verano en el dique seco, decidimos hacer una jornada en julio.
Ya habíamos tenido que anular las de mayo y junio por cuestiones de agenda, y el calor del verano madrileño no nos iba a
parar.

Con 35 grados en la calle se hace difícil enfrentarse a un cocido, al menos eso piensa la mayoría.
Por eso, la mayor parte de restaurantes que lo sirven en invierno, lo retiran de sus cartas para retomarlo en estaciones más
otoñales, y se hace difícil encontrar a alguien que quiera prepararlo. Únicamente los especialistas siguen en la brecha.

La Casa del Abuelo es un especialista. Uno que no habíamos visitado hasta la fecha. Quizás por su fama de turístico y por el
peligro de laxitud en el tratamiento del cocido madrileño que ello implica.

La cuestión es que decidimos darle una oportunidad y allí nos presentamos cinco valientes, a 35 grados, para disfrutar de
una nueva jornada.

El cocido lo sirve en dos vuelcos.

El primer vuelco es la sopa, que se presenta en puchero de barro para que los comensales se vayan sirviendo.

 

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Una sopa con un tono y nivel de claridad esperanzadores. Una sopa que tras probarla acaba con esas esperanzas y que da

indicios de haber tenido ayuda.

Con poco sabor, y menos amalgamada de lo pudiera parecer en un inicio, no deja mucho a la imaginación de lo que pudiera
venir después.

 

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El segundo vuelco se presenta de forma individual con el resto del cocido.
Se pueden encontrar garbanzos, repollo, zanahoria, patata y creemos que palmito, como representantes de la verdura. Y
morcillo, pollo, chorizo, morcilla, la bola o relleno, tocino sin veta, y quizás algo de costilla de las viandas.

Siento decir que nada de ello reseñable.
Por mencionar algo, los garbanzos estaban bien cocidos. El repollo bien rehogado, al menos para mi gusto. Y la bola era
suficientemente jugosa.

Lo malo es que nada de ello sobresalía por el sabor y una falta evidente de calidad se apoderaba del plato, y con estos
mimbres….

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Viendo lo que ofrecen y al precio que lo ofrecen, es normal que sólo los turistas se vean atraídos por el lugar.

El día que nosotros fuimos hubo hasta una mesa de turistas probando el cocido, y hasta parecían encantados.
Ese es su negocio, lo saben, lo han mantenido mucho tiempo y no creo que vayan a cambiar.
Si los turistas supieran que existen otros sitios que también dan cocido, y de mejor nivel, quizás se replantearían el
modelo de negocio.

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Por no extenderme más, y a modo de resumen, nuestras inquietudes iniciales se veían confirmadas, dejando el cocido de la
casa del abuelo como lo que es, un cocido para turistas.

Nota final: 1,45

 

La Casa del Abuelo
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